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viernes 28 de enero de 2011

LA FORMACIÓN DEL ABOGADO DE HOY II PARTE


¿POR CULPA DE LOS MALOS ABOGADOS?

Por culpa de los malos abogados que han sido, existen y seguirán existiendo por desgracia en nuestro país, la abogacía como profesión carga sobre sus espaldas una historia de burla y desprestigio, sancionada no solo por la “VOZ POPULAR”. Esto es denigrando no solo a las personas que ejercemos esta profesión, sino ridiculizando tan alta carrera de conocimientos, entre chistes y epitafios calumniosos.

No puedo negar me guste o no, que durante mucho tiempo la mediocridad ético moral del abogado ha sido más palpable, potenciada por los medios de comunicación a lo largo del tiempo y de las épocas, pintando la imagen pública del abogado como un ser mentiroso, codicioso, prepotente, soberbio, insensible, abusador, inmoral, anti-ético, carente de virtudes buenas, vendedor de falacias y de descaro, transgresor y manipulador de la legalidad para obviar la justicia.

Esta percepción del abogado es una herencia histórica de nuestros pueblos. Lo que los del viejo mundo traían acerca del abogado “Vengan clérigos pero no abogados”, este dicho quiere decir simplemente, que así como el clérigo predica la paz y enseña la fraternidad entre los hombres, al abogado hace lo contrario, un enredador de problemas que quita la paz y fomenta el pleito, que inventa los problemas donde no los hay, en fin, no como un colaborador de la paz, sino como un grave peligro contra ella.

Es necesario entonces plantear las siguientes interrogantes en relación a este tema:

¿Qué significa la abogacía?, ¿cuál es su misión y su visión en la sociedad?, ¿Que enseñan en las universidades?, ¿Quienes participan en su formación profesional?, ¿Que están aprendiendo?, ¿Quién vigila lo que enseñan y aprenden?, ¿Qué quiere la sociedad del abogado?, ¿Qué resultados estamos obteniendo de esa formación?

Algo inseparable es la teoría y la praxis de la educación, es el complemento activo de la formación profesional el ser y el hacer. Los abogados estamos íntimamente relacionados con la sociedad, estamos en todo la vida de nuestra nación. Es por ello que es importante retomar la formación profesional del abogado desde sus primeras instrucciones en las universidades. Esto significa un gran reto para las universidades del país que ofrecen esta carrera con la misión de dejar huella en el estudiante de derecho y ofrecer a la sociedad verdaderos profesionales formados en todas sus dimensiones, capaces de transformar la realidad en pro de una mejor convivencia social.

Al parecer usted y yo amigo lector creeríamos que este tema es de suma urgencia, para nuestras autoridades y funcionarios, pero para sorpresa nuestra los estudios realizados e investigaciones hasta hoy son genéricos y no enfocados a “la formación del abogado en sí”, nos haría pensar entonces en la necesidad actual e inminente de un perfil único que debe de ser construido.

¡HOY MAS QUE NUNCA!

En conclusión necesitamos de abogados con altos índices de responsabilidad y profesionalismo que como eje transversal de su formación se le inserte en su perfil un gama de valores que le permitan ser sus principios de vida y no solo del ejercicio de su profesión, honestos cultos, respetuosos de los derechos humanos más fundamentales, con un sentido de desarrollo por la verdad y la justicia antes que la legalidad.

Dotados de paradigmas positivos al trabajo en equipo que tanta falta nos hace en este sistema que fomentar tanto el individualismo del ser humano, solidario con su gremio y con su semejantes, con un gran compromiso social, lleno de actitudes que le permitan ser un líder por estimular a los demás hacia su propio desarrollo y hacia su propia liberación ante el poder, por medio de las herramientas idóneas en un estado de derecho, maduro emocionalmente, postulantes de su integridad y no “exitosos” por introducir un Bichette en un cajón o por dar los mejores regalitos de agradecimiento etc.

Necesitamos jueces justos e imparciales, con actuaciones garantes y eficientes, maestros que enseñen con vocación y no por necesidad, notarios dignos de fe.

La sociedad salvadoreña exige hoy por hoy un mejor aparato de justicia, un sistema notarial y registral confiable y no menos importante una verdadera visión progresiva del sistema penitenciario en donde las cárceles no sean lugares de capacitación para delincuentes sino una herramienta de oportunidades para aquel que si quiera cambiar el rumbo de su vida.

Es urgente entonces una nueva revisión de la misión y la visión en la enseñanza del derecho para formar abogados y abogadas, con verdaderas capacidades intelectuales y axiológicas que rompan con los paradigmas hoy establecidos en la educación superior, tales como la tolerancia, el pluralismo en las ideas y en la visión del mundo, responsables, diestros en su profesión, incentivando la formación continua hacia la vanguardia en el uso de la tecnología, multilingües, participativos en los cambios trascendentales de nuestra sociedad, capases de dignificar la profesión del derecho.

Por lo anterior parecería que estamos hablando de un problema reciente, pero no es así, esta problemática responde a una larga historia que se remonta incluso a los orígenes de la educación universitaria de nuestro país. Pero eso lo hablaremos en la III y próxima entrega.

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